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La Tierra llama

 

Somos personas del siglo XX que viven en el siglo XXI, seguramente que muchas de las personas lectoras de estas palabras ya sean nacidas en este siglo.

 

 

Pero la Tierra y sus necesidades no han cambiado en 21 siglos, que son segundos de existencia en tiempo geológico, ni lo hizo desde que hombre hizo acto de presencia en este planeta.

 

Hemos sido los seres humanos los que, en estos miles de años de historia, hemos cambiado drásticamente el entorno natural que teníamos hasta llegar a los desiertos que pueblan ahora el planeta.

 

La selección natural, donde prevalece el más fuerte o el más listo, nos ha dicho que somos los más listos por el funcionamiento de nuestro cerebro y los más fuertes gracias a esa inteligencia, que permite construir las cosas que no tenemos físicamente.

 

Pero creo, que ahora mismo somos los más tontos como especie. Estamos acabando con el agua potable, que necesitamos sin más, con los grandes espacios verdes que no solo nos proveen de oxígeno, sino que también actúan como filtros del Co2.

 

Estamos desertizando para plantar cosas que igual no nos vamos a comer, aumentando la temperatura del planeta.

 

Vamos, que nos estamos extinguiendo y seguimos sin darnos cuenta, como dijo aquel jefe de una de las Primeras Naciones, que el dinero no se puede comer.

 

Mientras tanto, desnaturalizados del todo, hemos perdido la íntima conexión que teníamos con el entorno y sus estaciones, que también ser reflejaban en nuestro cuerpo. Hemos dejado de vivir en ese ciclo vital para entrar en un proceso lineal de producción y competitividad.

 

Y cada vez tenemos enfermedades más raras y a más temprana edad, mantenemos a nuestros peques inmaculados y recién planchados, y se nos olvida, que, igual nosotras enfermamos menos porque nos habíamos metido de todo en la boca, generando inmunidad a patógenos que están presentes en la vida cotidiana.

 

Pero queremos que la farmacia y la medicina modernas arreglen algo que no pueden darnos en pastillas: barro, piedras, rodillas raspadas, burriagas, churretes, cortes. Todo eso que nos ha hecho fuertes durante generaciones y generaciones no lo puede suplir ni una terapia ni unas pastillas.

 

Y la inmunidad a muchas cosas está ahí, al alcance de cualquiera, pero no lo usamos, porque la Naturaleza parece un monstruo, y si fuera por bastantes personas que conozco, habrían asfaltados los bosques para que se pudiera caminar fácilmente por ellos.

 

Espiritualmente está resurgiendo en la raza humana la necesidad de esa espiritualidad perdida por cientos de religiones, que no tenemos suplida de ninguna manera, a menos que estamos anestesiadas por el capitalismo patriarcal, y que no encuentra donde plantar su alma, por no decir el culo.

 

Estamos sintiendo la necesidad de volver al origen, de volver a la Tierra, y, creo que lo sentimos como la última necesidad de sobrevivir. Escuchamos el grito desesperado de Madre Tierra, no porque a Ella la pase algo, que para Ella esto o es tiempo siquiera, es porque como seres que viven unidos al tejido vital, Ella sabe, nota y siente que nos vamos a ir, a morir, a extinguir.

 

Madre Tierra nos habla de mil maneras para que nos demos cuenta de que estamos al borde del abismo y que vamos a caer, en un pozo sin fondo del que no se sale.

 

Si tú eres de las personas que sienten esa necesidad de vuelta al mundo natural como tu necesidad espiritual, bienvenida, no estás solo ni sola, somos pocas personas aún en un mundo tan extenso y poblado, pero ya sabes que esa misma llamada la sentimos hace tiempo y que hemos caminado la ruta que comienzas a andar ahora mismo.

 

Iremos escribiendo sobre este simple y complejo mundo animista, donde todo es lo que parece, un árbol es un árbol, no es un espíritu, es que tiene espíritu, porque en esta vida todo tiene espíritu, tu, yo, el árbol, la cucaracha y la piedra. Todo